VIAJE AL SAHARA OCCIDENTAL 16-24 Febrero 2007

Mi haima, en Asmara

Mummy

Hoy es lunes. Hoy ha empezado de nuevo la marcha frenética y casi sin sentido hacia otro domingo. Al terminar las clases, me he dirigido a los ferrocarriles para ir a hacer una entrevista a Barcelona, luego ir a comer en diez minutos y luego estar en la redacción con una sonrisa en la boca. Todo se arrastra este lunes, y molesta que el sol brille con esta fuerza insolente.

Me he sentado de espaldas a la dirección del tren y he empezado a leer unos apuntes con desgana, deseando que algo en la ventana me llamara la atención para desviar la vista del arrugado papelajo. El sol entraba por las ventanas y el tren se deslizaba tranquilo por los raíles, en un paseo inexorable hacia el sueño. En una parada se ha subido una mujer alta, un poco desgarvada, con unas gafas muy extrañas. Llevaba en sus brazos un querubín.  De veras lo era. Un niño precioso, blanquito, con unas mejillas de algodón, unos ojos enormes y azules. Llevaba un peto de pana marrón claro, y una diminuta camisa de cuadros. Era adorable el pequeño hombrecito, hipnotizó a todos los que desde su sillón podían admirarlo. Reía, saltaba encima de las rodillas de su madre, bostezaba, e intentaba hablar entre balbuceos con los asombrados vecinos. La mujer era anglosajona, y cogía a su bebé de five months con cariño, hablándole y poniéndolo de cara a la ventana para que admirara al mundo. El querubín se chupaba el dedito queriéndose a sí mismo.

De repente, un organista ha irrumpido en el vagón. La música era bella, y mezclada con el cuadro del bebé producía un placer, un descanso humano. Cuando el organista ha llegado a nuestra altura, el querubín se ha quedado admirado ante el mosntruoso instrumento, y después de pensar qué diablos era esa oruga chirriante, ha decidido llorar.  Entonces, de forma automática, la mujer lo ha estirado en su regazo y le ha ofrecido su pecho. El querubín ha callado inmediatamente, y su cuerpo ha sejado de moverse, relajándose ante la ofrenda de su mummy.  El niño se rascaba la cabecita con sus diminutas manos en un acto reflejo, como para aumentar su placer. ¡Qué bello es ver a ese niño tan feliz!

Ha mamado durante un cuarto de hora. La mujer miraba por la ventana y yo pensaba si podía haber algo más precioso que este regalo natural, lleno de proteínas y de parte de su cuerpo a un hijo que ama y le decora la vida. Algo más precioso que sostenerlo mientras te agradece que seas su madre, mientras el sol te calienta y miras las formas de los árboles.

De repente, he sentido un calor, una emoción. He vuelto a sentir mis pechos, mi respiración, imaginando qué sentiría mi hijo si yo le diera de mamar, y qué inmensa alegría me daría a mí hacerlo. Paz.

Quizá sean las hormonas, quizá. Quizá no estén tan valoradas como las neuronas. Pero hoy he agradecido ser mujer. He agradecido poder sentir tan de cerca algo tan mágico, obvio, y a la vez mítico para mí. Me he vuelto a sentir.

Al salir del tren, mi mundo femenino se ha desvanecido de nuevo. Lo he ido perdiendo a medida que subía por las escaleras mecánicas, y entraba de nuevo en mi día, en mi lunes.

Gracias, querubín.

El vídeo de Mario

Todos conocemos ya el caso de Mario, el chico con Síndrome de Down que fue apalizado por sus compañeros de clase en Italia. Un caso más de violencia escolar o Bullying, que en este caso ha tenido trescendencia por dos motivos: la enfermedad del chico, que aumenta su vulnerabilidad ante sus agresores, y que hay un vídeo sobre ello.

Sin duda, las imágenes de videoaficionados o la oleada de vídeos violentos grabados a través del móvil son un valioso material para los informativos, que de forma hipócrita, critican la salvajada mientras emiten el vídeo para ganar audiencia. No importa que sean de mala calidad, están desenfocadas o movidas. Incluso son un valor añadido: aportan un realismo epidérmico y espectacular. Y todo ello, cuando las imágenes raramente aportan datos interesantes. Tan sólo nos mantienen pegados a la pantalla, de forma instintiva, ante su virulencia.

Pero esto no es todo. El vídeo de Mario se ha convertido en uno de los más descargados de la red. Claro está, que los motivos por los que los usuarios lo han obtenido es el morbo; ver las imágenes en casa, tranquilamente, y no en el contexto del telediario. Porque otro no se me ocurre.

No niego el valor documental de las imágenes. Es más, soy de las que aboga por que a uno se le retuerzan las tripas de ver a un niño en los huesos, porque sólo así la nueva sociedad, saturada de información, reacciona ante las injusticias. Pero este caso es distinto. La emisión del vídeo de Mario por televisión no aportaba nada; todos sabemos cómo se le pega a un niño, y además sabemos cómo son estas grabaciones (las hemos visto en otras ocasiones en los telediarios).

Internet es un mar abierto; todas las especies pueden nadar libremente en él, y cada uno trata de sobrevivir. El vídeo de Mario son unos y ceros. Son datos, píxels. Pero Mario es de carne y hueso. El vídeo sale de Internet, del mar abierto, y pasa a la realidad, en la que empieza a navegar de nuevo (comentarios, medios de comunicación…). Pero Mario no puede salir de su cuerpo para huir de un ataque constante, y no es el recuerdo de la agresión. Se ha conseguido que miles de personas tengan almacenada en su ordenador la paliza de Mario. Puede que alguien se pregunte: “¿Le daña a él?”. No creo que Mario se de cuenta, pero imagináos que vuestra humillación se convirtiera en otro icono en el escritorio de miles de personas.

Ah, por supuesto, yo no voy a colgar el vídeo.

PUBLICADO EL 19 DE NOVIEMBRE EL ELPAIS.ES

Sobre los anuncios de contactos que los ingleses publican en la LRB, versión londinense de la New York Review of Books: “Bien al contrario, prefieren regodearse con sus defectos. “Hombre calvo, bajo, gordo y feo, 53, busca mujer corta de vista con enorme apetito sexual”, reza un anuncio. “Hombre tímido y feo, sumido en largos periodos de autocompasión, mediana edad, flatulento y con sobrepeso, busca lo imposible”, dice otro. “El amor es extraño; espera a ver mis pies”, anuncia una mujer de 34 años. “Mujer asmática y con varices, 93 años, busca hombre menor de 30 con pulmones para empujarla hasta la oficina de correos en lo alto de la colina”, dice otra”.

Sí, con treinta años eres un chiquillo. Sí, si comes brunch y combinas de forma sabia lo campestre con lo burgués, eres un ser interesante. Eres un urbanita, usas champú con microfibras vitales y te envuelves contantemente en una celulosa suave, hecha de egoísmo y amor propio. Giras y giras sobre ti mismo, enrollándote en ti. Compras y compras para envolverte de objetos que raramente logras internar en tu alma: libros, discos, camisas importadas, pan casero. Pero cada día tu crisálida se hace más fuerte, más dura, y te aíslas en una colmena, en la ciudad. De nada te sirven todos esos objetos, porque cuando ves la noche en el fondo de tu copa de Martini, te hundes en tus sábanas y te retuerces en un útero imaginario.  

Sin embargo, hay algo que aún nos une a todos: la imperiosa necesidad de encontrar una pareja. Hay millones de solteros que buscan compartir sus complejas manías con otra persona, y tener sexo ocasional (si en la tele no dan nada mejor, claro). Los anuncios que publican los ingleses desesperados nos ofrecen una valiosa información para reflexionar sobre hacia dónde derivan las relaciones humanas.

                                                                                 

LOS HERMANOS ANGULO DECLARAN: “LA SINCERIDAD HA SALVADO NUESTRAS VIDAS AMOROSAS. AHORA YA PODEMOS LLEVAR CAMISETAS DE COLORES ÁCIDOS”

Ahora ya todos sabemos que en el chat se miente. Con un cursor puedes convertirte en Humphrey Bogart, y puedes fumar con superioridad delante de esa “pequeña” que ansía formar parte de tu vida. Se pasa un buen rato, se duerme sin pastillas y se acabó.

Ahora los ingleses explican sus defectos, los exaltan: la hiperrealidad crea conexiones del tipo: “Sí, yo también tengo un juanete y alitosis, ¿y qué?”. El esperpento vive en nosotros, y ahora empieza a liberarse. Y lo mejor, nos sirve para acercarnos a los demás. Las Bridget Jones de todo el planeta y sus homólogos masculinos se han cogido de la mano, se han reído de sí mismos, y con ello, se han burlado del sistema estético que les oprime. El humor y la aceptación de uno mismo ya son otras armas para la seducción.

– Mi culo es fofo.

– ¿De verdad? Pues mi cuello es bastante corto, parezco una matrioska.

– Vaya…veo posibilidades…Tus pedos mañaneros, son de los que huelen o de los que no?

– Hombre, huelen lo suyo.

– Bien, no querría invadir las sábanas sólo con mi tufillo…

– Qué generoso…veo que sabes escuchar. 

 – Desde luego. Te parece que vayamos a por unos donuts con pepitas garrapiñadas y veamos la teletienda juntos?

– Me has leído el pensamiento! Por cierto, en tu foto sales mejor de lo que me habías dicho…

– No creas, es que mi cámara tiene pocos píxels…

EL AMOR, AMIGOS, YA NO ES CIEGO.  

Funerarias “low cost”…

Que la muerte es un negocio, no creo que nadie lo ponga en duda. Un negocio como lo son la vivienda, la salud y el mismísimo AMOR.

Vivimos tiempos en los que prima la competitividad. Es decir, la reducción de costes y la optimización de recursos. En estos tiempos posmodernos, cualquiera puede tener una compañía aérea. Y si no, que se lo pregunten al propietario de AIR MADRID.

El punto de partida bien puede ser un “pelotazo” inmobiliario, a partir del cual se generan los excedentes financieros suficientes para invertir en una nueva línea de negocio. Claro que también podemos empezar con un hipermercado y dedicarnos más adelante a los seguros y a los préstamos, acabando con una incursión en la telefonía de nueva generación…

Sin embargo, la muerte, que desde siempre fue un tema tabú para nuestra querida sociedad de consumo, bien podría verse afectada por las nuevas corrientes “low cost” que nos invaden.

Eso de que la muerte nos iguala a todos es una vulgar patraña. La muerte marca nuestras diferencias más que nada en el mundo.

¡Pues bien! Dentro de muy poco tiempo se podrá incinerar en casa, cómodamente, a ese abuelo enfermo que hace mucho tiempo que dejó de ser clase productiva para convertirse en un estorbo con costes de mantenimiento. El incinerador doméstico “FIRE AND GO”, un aparato desmontable, que puede guardarse plegado debajo de la cama, está garantizado por dos meses y es multifuncional. Una verdadera innovación en su campo.

Cuando Pompas Fúnebres pierda el monopolio que posee en la gestión y tratamiento de cadáveres, la liberalización del sector será ya irreversible. Aparecerá entonces la competencia, que es la madre de todas las virtudes. El cliente final, o mejor dicho, sus familiares, podrán beneficiarse de una reducción de precios extraodinaria, lo que redundará en felicidad y armonía para todos.

Las enormes ventajas de los servicios funerarios “low cost” terminarán por imponerse. La muerte dejará de ser un tabú para convertirse en una línea de negocio en la que podrán entrar diferentes compañías que busquen diversificar sus actividades. Entre ellas, ¡faltaría más!, las empresas constructoras y las inmobiliarias.

 A fin de cuentas, de lo que estamos hablando es de LA DESTRUCCIÓN CONSTRUCTIVA.